Personal del Hotel Krystal QUITA a trabajadores de la obra de la vía pública
REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA
Durante horas trabajan entre concreto, polvo, maquinaria, herramientas y el calor de Puerto Vallarta. Al terminar, algunos se cambian la ropa, guardan el casco, acomodan la mochila y esperan unos minutos el transporte que habrá de llevarlos de regreso a casa.
Pero este miércoles, ni siquiera eso pudieron hacer con tranquilidad.
Personal de seguridad privada del Hotel Krystal Puerto Vallarta pidió a un grupo de trabajadores de la construcción retirarse de la jardinera ubicada junto a la banqueta de la avenida Francisco Medina Ascencio, prácticamente al costado de la parada de autobuses y del sitio donde habitualmente se concentran para abordar los vehículos que los trasladan después de concluir su jornada.
La escena fue sencilla, pero reveladora.
Una guardia se acercó sin utilizar violencia física ni amenazas. Su instrucción fue únicamente verbal:
“Hay que retirarse, por favor”.
Los obreros, cansados después de varias horas de trabajo, comenzaron a levantarse.
Algunos se retiraron inmediatamente. Otros tardaron unos minutos porque estaban cambiándose, acomodando sus pertenencias o esperando que llegara el transporte.
No estaban tomando bebidas alcohólicas.
No estaban fumando.
No estaban peleando.
No estaban acosando a huéspedes ni bloqueando algún acceso.
Simplemente esperaban cómo regresar a sus casas después de trabajar.
La contradicción está dentro del propio Krystal
Y aquí aparece el aspecto más difícil de explicar.
Los trabajadores se encuentran precisamente en esa zona porque ahí se desarrolla uno de los nuevos proyectos inmobiliarios de lujo del corredor turístico. El desarrollo Thompson Puerto Vallarta Hotel & Residences se levanta dentro del frente que perteneció al propio complejo Krystal, en terrenos que fueron destinados al nuevo proyecto inmobiliario.
Por ello, la pregunta no debería limitarse a:
¿Por qué seguridad del Krystal corre a los trabajadores?
La pregunta de fondo es todavía más elemental:
¿Por qué el hotel, la desarrolladora y las empresas constructoras no se coordinan para proporcionar a esos mismos trabajadores un sitio digno donde esperar su transporte?
No se trata de personas que llegaron arbitrariamente al lugar. Son obreros vinculados a una enorme construcción levantada precisamente en ese mismo frente hotelero, y cuyos vehículos de traslado recogen diariamente personal sobre Francisco Medina Ascencio.
Mientras se construyen condominios y espacios destinados al mercado de lujo, abajo los hombres y mujeres que hacen posible físicamente esa inversión terminan sentados en una jardinera porque aparentemente nadie contempló un espacio de espera para ellos.
Y después, incluso de ahí se les pide retirarse.
Construyen lujo, pero no tienen dónde sentarse
La escena retrata una contradicción incómoda de la industria inmobiliaria.
Se diseñan accesos, albercas, terrazas, elevadores, clubes de playa y residencias de alto valor, pero aparentemente no existe la misma planeación para algo tan básico como permitir que quienes levantan esos edificios tengan dónde sentarse unos minutos al terminar el turno.
Una coordinación mínima entre Krystal, la desarrolladora y las empresas responsables de la obra podría resolverlo: un punto de espera delimitado, con sombra y condiciones seguras, desde el cual los trabajadores puedan abordar el transporte sin ocupar zonas de circulación ni ser desplazados de un lugar a otro.
No sería un privilegio.
Sería organización básica y trato digno.
Si es banqueta pública, la situación merece todavía más explicación
Existe además una cuestión jurídica.
Si el punto desde donde fueron retirados forma parte efectivamente de la banqueta o del espacio público municipal, la seguridad privada no tiene las mismas facultades que una autoridad para disponer libremente quién puede permanecer ahí.
El artículo 230 de la Ley del Sistema de Seguridad Pública para el Estado de Jalisco establece que los prestadores de seguridad privada tienen estrictamente prohibido realizar actividades que correspondan al Ministerio Público o a los cuerpos de seguridad pública.
Esto no significa que una guardia no pueda solicitar a alguien retirarse de un área privada del establecimiento. Sí puede hacerlo dentro del ámbito que corresponde proteger.
Pero si hablamos de una banqueta o espacio público, entonces debe determinarse con precisión dónde termina el predio privado y dónde empieza el espacio de uso común.
También existe una dimensión de posible discriminación
El episodio merece además analizarse desde la legislación antidiscriminatoria de Jalisco.
La Ley Estatal para Promover la Igualdad, Prevenir y Eliminar la Discriminación en el Estado de Jalisco establece que la discriminación puede ser cometida también por particulares, y la define como actos u omisiones que produzcan exclusión, rechazo, impedimento o restricción injustificada de derechos o libertades por motivos como la condición social o económica, la apariencia física y la forma de vestir, entre otros.
La misma legislación dispone expresamente que las personas físicas y jurídicas deben abstenerse de realizar prácticas discriminatorias, ya sea por acción u omisión.
Y todavía más directamente, el artículo 7 contempla como conductas discriminatorias —cuando derivan de un motivo de discriminación— negar u obstaculizar el acceso o la permanencia de una persona en espacios, instalaciones o servicios públicos, así como limitar, obstaculizar o negar su libre desplazamiento, salvo los casos previstos en la ley.
Eso no permite afirmar automáticamente que en este caso haya existido jurídicamente discriminación. Para sostenerlo sería necesario conocer por qué fueron retirados, si el lugar es público o privado, si existía alguna regla objetiva aplicable a todos y cuál fue la instrucción específica dada al personal de seguridad.
Pero justamente por eso el episodio exige una explicación.
Porque si el único motivo para pedirles que se fueran hubiera sido su apariencia de trabajadores, sus chalecos, cascos, botas, ropa de obra o su condición de obreros sentados frente al hotel, entonces el asunto adquiriría una dimensión mucho más seria.
Ser albañil no es una mala imagen.
Vestir uniforme de construcción no convierte a una persona en indeseable.
Sentarse después de una jornada laboral tampoco.
No estaban causando problemas
En las imágenes no se aprecia una conducta que represente un riesgo evidente para huéspedes, automovilistas o peatones.
Los trabajadores simplemente descansaban, se cambiaban, acomodaban sus pertenencias o esperaban el transporte.
La mayoría obedeció sin confrontación.
Y ese detalle vuelve la escena incluso más incómoda: no hubo necesidad de fuerza porque los obreros simplemente aceptaron que debían levantarse y buscar otro lugar.
Después de horas trabajando en una obra de lujo, tuvieron que cargar nuevamente sus cosas y moverse.
Lo que hace falta es coordinación, no correrlos
La solución parece bastante más sencilla que desplazar trabajadores de una jardinera a otra.
Krystal, la administración del desarrollo Thompson y las constructoras deberían coordinar un punto digno y seguro para que el personal espere sus transportes al finalizar la jornada.
Eso protegería a los propios trabajadores y también evitaría concentraciones improvisadas sobre una avenida de tráfico intenso.
La paradoja sigue siendo difícil de ignorar:
hay planeación para levantar desarrollos de lujo, pero aparentemente no para decidir dónde esperan unos minutos quienes los construyen.
Los obreros finalmente tomaron cascos, mochilas y ropa de trabajo y comenzaron a dispersarse.
Sin violencia.
Sin gritos.
Sin confrontación.
Sólo con la resignación de quien terminó una larga jornada y quiere volver a casa.
Queda ahora una pregunta muy sencilla para el Hotel Krystal y para quienes administran la obra:
¿por qué no proporcionarles un lugar digno para esperar, en vez de pedirles que se retiren?
Porque quienes construyen el nuevo Puerto Vallarta no deberían convertirse en personas incómodas en cuanto termina su turno.





