Panismo vallartense tendrá interna: Juan Calderón y Octavio Rodríguez levantan la mano
REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA
“Ya se armó la paniza”. Y no como ocurrencia pasajera, sino como señal de que en la cocina política de Puerto Vallarta alguien volvió a encender el horno. Juan Calderón, el osado y ya célebre joven del TikTok vallartense, llegó al Partido Acción Nacional como quien sacude de golpe una mesa llena de harina y está alborota el aire al espolvorearlo.
Su activismo, sus formas estridentes y su capacidad para instalarse en la conversación pública con reels y retos vitales reavivaron, de un día para otro, la esperanza de un PAN que parecía endurecido como pieza olvidada del día anterior.
Pero ahora, además, todo apunta a que tendrá competencia interna y que esa disputa podría inflar todavía más la expectativa. Pues en los últimos días comenzó a circular la versión de que el empresario de los fierros, la fontanería, los materiales y los almacenes, Octavio Rodríguez Covarrubias, también levantó la mano para buscar la candidatura panista por la alcaldía.
Es decir, cuando algunos pensaban que apenas se amasaba una sola figura, apareció otro perfil dispuesto a meter las manos en la harina y reclamar su lugar en la mesa. La versión terminó por tomar más cuerpo en las últimas 24 horas, cuando el activista e impulsor del deporte Ramsés Moedano anunció desde Facebook su respaldo a Octavio y, todavía más relevante, adelantó que haría fórmula con él para buscar la candidatura a la diputación local por el quinto distrito.
Así, lo que parecía apenas un bolillo en reposo comenzó a tomar forma de hornada completa. Moedano no llega vacío a esta mezcla. Tiene cartas que pesan dentro de cualquier proyecto: ha respaldado al deporte, ha impulsado la gimnasia infantil y juvenil y conserva una imagen ligada al altruismo. Además, ya sabe lo que es militar en el panismo.
Octavio, por su parte, representa a un empresariado tradicionalmente arraigado en Puerto Vallarta, conocido en distintos círculos y con un antecedente que lo emparenta políticamente con Juan Calderón: ambos fueron rechazados por Morena.
En 2024, Octavio buscó espacio en aquel proceso interno, pero no logró integrarse. De algún modo, hoy regresa a otra cocina, con otra receta, pero con el mismo apetito de competencia.
Así, el PAN Vallarta pasa en el imaginario local de ser un partido que muchos miraban como miga seca, reliquia de viejas glorias empolvadas en la memoria de adultos mayores, a convertirse en una fuerza que, siendo realistas, podría volver a meter las manos al Cabildo.
No se trata todavía de una panadería rebosante, pero ya no luce como local abandonado. Si se ordenan, si logran cocer bien su proceso interno y si no se les quema la masa antes de tiempo, podrían aspirar incluso a regresar con dos regidores.
Juan Calderón, en particular, es un fenómeno mediático. La gente lo conoce, para bien o para mal, y eso en política vale más que muchas estructuras que por más que presumen ser un baggette francés, no llegan ni a migajón de birote porque no los conocen ni en su cuadra.
En Puerto Vallarta, “el chico del sombrero” ya quedó sembrado en la memoria colectiva, aunque sea desde el llamado «primado negativo». Su nombre provoca reacción, y en una contienda donde tantos pasan sin dejar aroma, eso ya es una ventaja.
También hay quien lo aprecia, quien lo sigue y quien ve en él algo más que un personaje. Las burlas, los memes y las publicaciones que lo ridiculizan por repartir pan, pescado, huevo, bolsas, banderas y cuanto recurso se le cruza en su estilo peculiar, en realidad no hacen sino seguirlo metiendo en el horno de la visibilidad.
Cada chiste compartido es levadura gratuita. Cada crítica irónica lo mantiene en circulación. Y al final, su pecado político, si así quiere llamársele, ha sido regalar cosas y ocupar espacio en la conversación de redes sociales, pero no cargar con un historial de gobierno municipal malo ni con el desgaste de haber administrado desde un cargo público. Esa masa limpia.
En contraste, será interesante observar qué clase de campaña de socialización comienza a desplegar Octavio Rodríguez, con qué lemas intenta presentarse, qué promesas pone sobre la mesa, así cómo la manera en que busque diferenciar su receta de la de Juan Calderón.Junto
Junto a Ramsés Moedano, que conoce la lógica de los preprocesos internos, podría intentar una ruta más estructurada, menos estridente y quizá más cercana a un pan de elaboración clásica: menos espectáculo, más oficio.
Pero falta ver si ese estilo conecta con un electorado que hoy parece premiar más el ruido que la sobriedad. Lo que sí parece claro es que el PAN Vallarta dejó de ser un partido fuera del radar. Ya no luce instalado en la irrelevancia ni resignado a mirar desde la vitrina mientras otros se reparten el mercado político.
Algo serio empezó a hornearse, y los partidos que se sienten cómodamente en la cima harían bien en no despreciar ese olor. A veces, las fuerzas que parecían desfondadas terminan encontrando en la escasez la mejor levadura para volver.
Porque cuando el horno se enciende, no basta con presumir la harina: hay que demostrar quién sabe amasar, quién resiste el calor y quién logra sacar una pieza competitiva sin que se le queme en el intento.El
PAN vallartense entró, al fin, en esa fase. Y al cierre de su proceso interno se sabrá si de toda esta paniza sale un proyecto bien cocido o si todo termina reducido a masa cruda, promesa inflada y oportunidad desperdiciada. El horno está para bollos.



