Nicho Hinojosa fue «apapachado» por su publicó en gran concierto de Teatro Vallarta
REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA
No necesitó una escenografía desbordada, efectos espectaculares ni una docena de bailarines. A Nicho Hinojosa le bastaron su guitarra, las historias acumuladas durante más de tres décadas de trayectoria y un público dispuesto a cantar para transformar el Teatro Vallarta en una enorme sala bohemia.
El trovador nuevoleonés llegó a Puerto Vallarta con una propuesta que va más allá del concierto romántico tradicional. La velada combinó música, conversación, improvisación, interacción directa con los asistentes y momentos muy cercanos al stand-up, en los que el cantante se permitió bromear sobre el amor, las relaciones, los desencuentros y esas tragedias sentimentales que, después de algunos años, terminan convertidas en buenas anécdotas.
Desde los primeros minutos quedó claro que aquella noche no consistiría únicamente en cumplir una lista de canciones. Nicho quería platicar, provocar risas, escuchar respuestas y convertir a los asistentes en parte activa del espectáculo. Por momentos parecía concierto; en otros, una reunión de amigos en la que alguien sacó la guitarra y todos terminaron contando demasiado.
El ambiente tuvo algo de cantina elegante, sala familiar y sesión colectiva de recuerdos. Hinojosa comenzaba una canción, soltaba una ocurrencia, narraba una experiencia y después preguntaba a alguien entre las butacas de dónde venía. De acuerdo con el estado de procedencia mencionado, buscaba una melodía, un compositor, una referencia regional o alguna broma relacionada con aquella tierra.
Así, una respuesta podía convertirse inmediatamente en canción y otra en el pretexto perfecto para improvisar. El público no solamente escuchó: gritó nombres de lugares, solicitó temas, respondió preguntas y aceptó el juego del cantante, quien condujo la función con la naturalidad de alguien que sabe que entre una guitarra y una buena historia puede construirse todo un espectáculo.
La propuesta encontró un equilibrio entre la comedia y el romanticismo. Nicho podía provocar una carcajada hablando de las relaciones amorosas y, segundos después, devolverle al teatro una atmósfera de absoluta nostalgia con apenas unos acordes. Las canciones volvieron a ser refugio para enamorados, separados, reconciliados y para quienes todavía conservan alguna historia que no terminó como esperaban.
El repertorio recorrió distintas generaciones de la música romántica en español. Hinojosa interpretó composiciones de Armando Manzanero, José Luis Perales, Miguel Luna y Joan Sebastian, además de incluir temas propios y canciones que se han convertido en parte esencial de su identidad artística.
Cada autor abrió una puerta distinta durante la velada: la elegancia sentimental de Manzanero, las historias cotidianas de Perales, la sensibilidad norteña de Miguel Luna y el romanticismo campirano de Joan Sebastian. Bastaban los primeros acordes para que las voces comenzaran a levantarse desde las butacas.
Uno de los momentos más celebrados llegó con “Qué difícil se me hace”, uno de los éxitos más conocidos de Nicho Hinojosa. El público reconoció inmediatamente la melodía y se sumó a la interpretación, formando un coro espontáneo que llenó el Teatro Vallarta de nostalgia.
Algunas parejas se tomaron de la mano; otras personas levantaron el teléfono para guardar un fragmento del concierto, y no faltó quien cerrara los ojos mientras cantaba como si aquella letra hubiera sido escrita especialmente para su propia historia. En eso consiste buena parte del fenómeno de Nicho: tomar canciones conocidas, quitarles los grandes arreglos y devolverlas con guitarra, voz y una interpretación íntima.
Nacido en Monterrey, Nuevo León, Dionisio “Nicho” Hinojosa se formó musicalmente en la Escuela Superior de Música y Danza de su ciudad natal. Antes de consolidarse como solista pasó por distintas agrupaciones y, durante la década de los noventa, comenzó a construir una trayectoria discográfica que encontró en la bohemia y en la reinterpretación de clásicos románticos su terreno más fértil.
Con más de tres décadas sobre los escenarios, Hinojosa ha desarrollado un sello basado en la cercanía, la conversación y la capacidad de hacer propias canciones que pertenecen a otros compositores. Su estilo no depende solamente de la voz: también descansa en las historias que cuenta entre tema y tema y en la manera de establecer una relación directa con quienes acuden a escucharlo.
Esa cercanía quedó demostrada en Vallarta cuando rompió por completo la distancia tradicional entre el artista y los asistentes. Con sencillez y humildad, bajó del escenario sin dejar de cantar y caminó entre las butacas, permitiendo que las personas se acercaran para saludarlo y tomarse una selfie mientras continuaba con la interpretación.
Por varios minutos, el concierto dejó de tener una frontera clara. Nicho estuvo entre la gente, rodeado de teléfonos, abrazos, sonrisas y seguidores que querían conservar el recuerdo. Lejos de apresurarse o mostrarse incómodo, aceptó las fotografías y convirtió aquel recorrido en una parte natural del espectáculo.
Antes de despedirse, el trovador expresó su cariño por el público de Puerto Vallarta, aseguró que le encanta presentarse ante los vallartenses y adelantó que volverá pronto. La declaración fue recibida con aplausos y gritos por parte de una audiencia que respondió desde el inicio a su propuesta espontánea y cercana.
La convivencia tampoco terminó con la última canción. Al concluir el concierto, Nicho Hinojosa permaneció en el Teatro Vallarta para recibir a sus asistentes. Uno a uno, quienes esperaron pudieron acercarse, tomarse una fotografía, solicitarle un autógrafo e intercambiar algunas palabras con el cantante.
En Vallarta demostró que conoce perfectamente el poder de la música romántica, pero también que no pretende presentarla como una pieza inmóvil de museo. La sacude con humor, le agrega historias, la comparte entre las butacas y permite que cada persona se apropie de ella.
Entre carcajadas, recuerdos, coros y teléfonos levantados, Nicho Hinojosa llevó al Teatro Vallarta por un recorrido que fue de la nostalgia al relajo y del relajo nuevamente al amor. Su espectáculo confirmó que el romanticismo también puede conversar, improvisar, reírse de sus propias desgracias y seguir tocando las fibras más profundas del público.
El trovador nuevoleonés salió bien librado de esta renovada apuesta escénica. No solamente interpretó las canciones que la gente esperaba: construyó una experiencia cálida, cambiante y difícil de repetir exactamente de la misma manera, porque en su espectáculo cada ciudad, cada respuesta y cada persona entre el público pueden decidir cuál será la siguiente canción. Vallarta lo aclamó y disfrutará cuando regrese.