México ha perdido más de 27 mil hectáreas de MANGLARES
REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA
México perdió 27 mil 622 hectáreas de manglar en solamente cinco años, principalmente por el desarrollo inmobiliario, desmontes irregulares, agricultura y acuacultura, de acuerdo con información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) difundida por La Jornada.
La superficie nacional pasó de 905 mil 86 hectáreas en 2020 a 877 mil 464 en 2025, una advertencia seria para un país que depende de estos ecosistemas como protección natural de sus costas.El deterioro no es menor: el mismo informe identifica además 52 mil 130 hectáreas de manglar perturbado en México, es decir, áreas que presentan zonas deterioradas, muertas o en proceso de regeneración.
Entre las entidades más afectadas aparece Nayarit, estado directamente ligado a la misma Bahía de Banderas que comparte ecosistemas, actividad turística y expansión inmobiliaria con Puerto Vallarta.La información nacional tiene una lectura especialmente delicada para esta región.
En Puerto Vallarta, estimaciones locales sitúan en alrededor de 300 hectáreas la superficie de manglar que todavía permanece en los principales sistemas estuarinos y humedales del municipio. Al norte del río Ameca, en Bahía de Banderas y particularmente alrededor de Nuevo Nayarit, el crecimiento turístico e inmobiliario también ha ejercido durante décadas presión sobre ecosistemas costeros.
La propia Profepa reconoce que hoteles, condominios, marinas y otras obras turísticas pueden generar fuertes impactos sobre manglares cuando se desarrollan sin la adecuada planeación o sin respetar la normatividad ambiental.Por eso el problema no puede reducirse simplemente a contar árboles derribados. Cada sección de manglar rellenada, fragmentada o aislada significa también menos refugio para peces, aves, crustáceos y reptiles.
Entre estos últimos está el cocodrilo de río, especie que utiliza precisamente lagunas costeras, esteros y manglares como parte de su hábitat natural.Esto también ayuda a entender por qué cada vez causa mayor alarma encontrar cocodrilos desplazándose por canales, desembocaduras y playas de Puerto Vallarta.
Por eso, cuando hay más hoteles de concreto y piscinas de cloro, y menos hábitat de cocodrilos, aumentan los puntos de contacto entre fauna silvestre y zonas ocupadas por personas. En otras palabras: antes de decir que el cocodrilo está “invadiendo” la playa, también habría que preguntarse cuánto ha avanzado la ciudad sobre los espacios naturales donde esa especie vive.
Y todavía existe una razón adicional para defender estos ecosistemas: el manglar protege a las propias ciudades costeras. Conabio señala que funciona como sistema natural de control de inundaciones, barrera contra huracanes e intrusión salina, disminuye la erosión, protege la línea costera y funciona como filtro biológico para mejorar la calidad del agua.
Para Puerto Vallarta, donde cada temporal vuelve a recordar el riesgo de crecientes, lluvias torrenciales y ciclones, perder manglar significa debilitar una defensa natural que ninguna obra de concreto sustituye fácilmente.
Además, en México el manglar está protegido por ley. El artículo 60 TER de la Ley General de Vida Silvestre prohíbe su remoción, relleno, trasplante, poda y aquellas obras o actividades que afecten la integridad del flujo hidrológico y del propio ecosistema, salvo las acciones cuyo objetivo sea protegerlo, restaurarlo, investigarlo o conservarlo.
Dañar ilegalmente un manglar incluso puede convertirse en un asunto penal. El artículo 420 Bis del Código Penal Federal establece una sanción de dos a diez años de prisión y de 300 a 3 mil días multa para quien ilícitamente dañe, deseque o rellene humedales, manglares, lagunas, esteros o pantanos.
Es decir, no se trata solamente de una recomendación ecológica: afectar ilegalmente estos espacios puede constituir un delito federal. El reporte nacional debería encender las alertas en Puerto Vallarta y Bahía de Banderas. México ya perdió decenas de miles de hectáreas en apenas cinco años y esta bahía vive precisamente de aquello que más presiona estos ecosistemas: expansión urbana, turismo y desarrollo inmobiliario.
Seguir reduciendo manglares significa dejar a los cocodrilos y otras especies con menos hábitat, pero también dejar a las propias ciudades con menos protección frente a inundaciones y huracanes. El manglar no es terreno desperdiciado: es parte de la defensa natural de la costa y de la casa de la fauna que todavía sobrevive en ella.