Llaman a BOICOT contra pastelero por burlarse de mujeres de talla grande

REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA

Triste desenlace para un supuesto «benefactor social». El conocido pastelero en Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, conocido como «Güero Pasteles», es acusado en redes sociales de misoginia y promotor de la xenofobia, al haber emitido en su Facebook comentarios despectivos contra las mujeres de tallas grandes.

Así lo critican ya en grupos de Facebook y su propia página, dónde especialmente mujeres, llaman a un boicot para no comprarle por su falta de empatía con las mujeres en condiciones de sobre peso o de talla grande, algo que sin duda atenta contra la convivencia social sana y respetuosa.

Todo empezó cuando «Güero Pasteles» compartió el posteo de un artista que explicaba el porqué esculpió como quedó la escultura de una mujer delgada en la nueva glorieta de Valle de Banderas que inauguró el alcalde Héctor Santana (Bahía de Banderas).

Sin embargo, fuera de todo contexto, Güero Pasteles comentó al compartir el posteo, sin más, que no ha «visto mujeres con ese bello cuerpo que sean maltratadas en casa , casi siempre son puras gordas 😂😂🤣» (Sic.).

En otro foro donde se le criticaba, el pastelero callejero y famoso por su forma coloquial de verbalizar, le contestó a una mujer que lo señalaba que «ojalá le acepte una cita con el nutriólogo para que votes por mi 😂😂😂» (Sic), aparentemente criticando a la internauta por su condición física. E incluso señaló su color de piel por «ser el de una sirvienta».

En esta coyuntura, son más los espacios donde ese le continúa señalando y criticando por su forma inapropiada de responder y emitir estas posturas contra mujeres por su condición física.

Irónicamente, le señalan, él se beneficia de que «ese tipo de mujeres» le compren, pues sus pasteles no son bajos en azúcar, grasas ni son de dieta.

Las críticas continúan proliferando pero el pastelero, lejos de admitir su error y ofrecer una disculpa, continúa burlándose de lo ocurrido e incluso pregunta si hoy no lo van a criticar, llamando nuevamente a las mujeres de talla grande «capibaras».

Cabe mencionar que, en un contexto serio y real, México enfrenta una de las crisis de salud pública más graves a nivel global debido a la obesidad, la cual es reconocida oficialmente no como una cuestión estética, sino como una enfermedad crónica, progresiva y mortal.

Este padecimiento es el principal detonante de otras enfermedades crónico-degenerativas como la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares y diversos tipos de cáncer, lo que genera una presión inmensa sobre el sistema de salud nacional.

El entorno «obesogénico» del país, caracterizado por la alta disponibilidad de alimentos ultraprocesados y el sedentarismo, ha normalizado una condición que cobra miles de vidas anualmente, convirtiendo el tema en una emergencia epidemiológica prioritaria.

Y en cuanto a la población femenina, las cifras son alarmantes y revelan una brecha de género en la salud. Según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT Continua), el 76.8% de las mujeres adultas en México (de 20 años en adelante) viven con sobrepeso u obesidad; es decir, 3 de cada 4 mujeres. Desglosando la cifra, la obesidad por sí sola afecta a más del 40% de las mexicanas, un porcentaje superior al de los hombres, lo que indica que burlarse o estigmatizar los cuerpos de «talla grande» es atacar directamente la realidad que viven millones de mujeres en el país.

En cuánto a la violencia en casa, de acuerdo con datos del INEGI (ENDIREH 2021), la violencia contra las mujeres en México es una problemática estructural y generalizada que no discrimina por apariencia física: el 70.1% de las mujeres de 15 años y más ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y el 39.9% ha sufrido agresiones específicamente por parte de su pareja.

Contrario a la creencia de que existe un «perfil físico» único de la víctima, la violencia atraviesa todos los estratos sociales y tipos de cuerpo; sin embargo, existen condiciones de vulnerabilidad que agravan el riesgo, como tener alguna discapacidad (las mujeres con discapacidad sufren violencia en un 41.5%) o vivir en entornos de precariedad económica.

Estudios de salud pública señalan una relación bidireccional compleja: si bien la obesidad no es la «causa» del maltrato, muchas víctimas desarrollan problemas de peso como consecuencia del trauma, la depresión y la ansiedad derivados de la violencia crónica, desmintiendo el prejuicio de que el maltrato ocurre «porque» la víctima tiene cierta condición física.

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