Hasta 12 años de prisión y más de 300 mil de multa por cazar cocodrilos en Puerto Vallarta
REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA
En una alarmante escalada de conflictos entre el ser humano y la vida silvestre, un lamentable incidente en el estero El Salado ha conmocionado a la comunidad: el asesinato de un cocodrilo, ocurrido dentro de su perímetro hace una semanaa.
Este acto brutal se enfrasca en una ola de desprecio en redes sociales, donde la aparición de cocodrilos en playas ha provocado un torrente de incitaciones a la caza furtiva.
El suceso ya fue reportado y se abrió una carpeta de investigación para dar con los responsables, quienes sean que resulten y a quienes les espera un severo castigo.
Sin embargo, a todos aquellos que, desde la comodidad de un teclado, invitan a tomar la ley por su propia mano, es importante que conozcan que la realidad legal es contundente: atentar contra un cocodrilo no solo es una crueldad, sino un delito federal que acarrea graves consecuencias penales y económicas.
Pues la creencia popular de que el asesinato de un animal salvaje es un acto impune es totalmente falsa. En México, los cocodrilos están protegidos por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, que los clasifica como especies sujetas a protección especial. Esta designación convierte cualquier acto de captura, posesión, transporte, daño o privación de la vida en un delito tipificado en el Artículo 420 del Código Penal Federal.
Y en este punto, la ley es muy clara: en su fracción IV, el código establece que quienes ilícitamente capturen, posean, acopien, transporten o dañen ejemplares de especies sujetas a protección, (como el cocodrilo americano o acutud que vive en PuertoVallarta), pueden enfrentar una pena de uno a nueve años de prisión, según la gravedad de la falta.
Además la multa económica para los infractores en este aspecto, oscila entre $33,942 pesos (300 UMAs) y $339,420 pesos (3,000 UMAs). Sin embarto, el crimen ocurrido la semana pasada en Puerto Vallarta adquiere una mayor gravedad porque se cometió en una de las áreas designadas para su conservación.
El Estero El Salado, es un Área Natural Protegida y la ley penal es más severa en estos casos. El Artículo 420 Bis establece que si el delito se lleva a cabo dentro de un área natural protegida, la sanción puede incrementarse hasta en tres años de prisión, elevando la pena máxima a 12 años.
Este mismo artículo sanciona también el daño a los ecosistemas. Si el acto criminal se vincula con la tala o quema de manglares, un delito que a menudo acompaña la invasión de hábitats con desarrollos, la sanción puede ir de dos a diez años de prisión, además de una multa de 300 a 3,000 días de UMA, que al igual que en el caso anterior, podría alcanzar los $339,420 pesos.
Esto significa que quienes destruyan el hogar de los cocodrilos también están cometiendo un crimen grave, por lo que los manglares deben de conservarse en su lugar y no ser talados ni dañados.
De acuerdo con biólogos y expertos locales, la presencia de cocodrilos en la Bahía de Banderas y Puerto Vallarta es un indicador de la salud del ecosistema. Lejos de ser una población masiva, los monitoreos estiman que existen alrededor de 300 ejemplares en toda la bahía, de los cuales solo una pequeña parte, aproximadamente entre 40 y 50, son adultos mayores a 1 metro y medio de longitud.
Específicamente, el estero El Salado, un pulmón de la ciudad, se albergan una población sana de unos 60 cocodrilos de distintos tamaños (desde muy jovenes hasta longevos), lo que resalta la importancia de esta reserva como su refugio.
Eso contrasta mucho con cifras, por ejemplo, en Florida, donde hay unos 2 millones de caimanes y 200 mil cocodrilos, o en Louisiana, donde se cuentan alrededor también de 2 millones de caimanes, estos se pueden cazar bajo regulación especial. Pero en Puerto Vallarta, los números no aplican para la cacería.
El hecho de que se les vea en el mar obedece a varias razones naturales y de adaptación. Los cocodrilos utilizan el agua salada como un corredor biológico o como parte de su rutina para expandir su territorio en busca de alimento, en otros ríos o lagunas.
Este comportamiento se intensifica durante la temporada de lluvias, cuando las fuertes corrientes de los ríos los arrastran hacia la bahía. Además, la mancha urbana ha crecido de manera descontrolada, invadiendo sus hábitats y obligándolos a buscar nuevas áreas de alimentación y refugio, a veces atravesando zonas que hoy son urbanas o de playa.
Las autoridades de Protección Civil y los biólogos de la región han insistido en una serie de medidas que garantizan la seguridad de las personas y la conservación de la especie:
En Tierra: Mantener una distancia segura de al menos 15 metros. No intente acercarse, alimentar, molestar o tomarse selfies con el animal.
En Agua: No nadar en áreas donde se haya reportado la presencia de cocodrilos, especialmente en zonas de estero, lagunas o desembocaduras de ríos. Respete los señalamientos de advertencia que las autoridades colocan en las playas y cuerpos de agua.
Si lo ve en la playa o cerca de su casa: mantenga la calma y aléjese lentamente. Reporte de inmediato el avistamiento al 911 y espere a que el personal capacitado de Protección Civil o de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) del Estero El Salado acuda a atender la situación.
No deje basura ni restos de comida cerca de los cuerpos de agua, ya que esto atrae a los cocodrilos y los habitúa a la presencia humana.
Supervise a niños y mascotas para que no se acerquen a los cuerpos de agua ni a la orilla.
El mensaje es claro: la seguridad se logra no a través del exterminio, sino de la educación, el respeto y la coexistencia informada. La Bahía de Banderas es un paraíso compartido, y la protección de su fauna es una responsabilidad colectiva que beneficia a todos.