Diputado Bruno Blancas HIZO FORO para proteger a los manglares, con expertos

REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA

La defensa del Estero El Salado y de los últimos manglares que sobreviven en la Bahía de Banderas volvió al centro de la discusión pública durante un foro organizado por la oficina del diputado federal Bruno Blancas Mercado, en el marco del Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, donde ambientalistas, académicos y especialistas advirtieron que el crecimiento urbano no puede continuar aislando ni reduciendo estos ecosistemas.

La reunión adquiere especial significado este lunes 27 de julio: se cumplen exactamente 26 años de la declaratoria de protección del Estero El Salado, publicada el 27 de julio de 2000 como Área Natural Protegida bajo la categoría de Zona de Conservación Ecológica.

Dos décadas después, en marzo de 2020, el polígono fue fortalecido bajo la figura de Parque Estatal y pasó de aproximadamente 169 a 208.8 hectáreas, es decir, ganó cerca de 40 hectáreas protegidas. Uno de los participantes centrales fue Erik Eduardo Saracho Aguilar, integrante de Alianza Jaguar y RedMAS, reconocido defensor del territorio, de los jaguares y de los ecosistemas costeros de Jalisco y Nayarit.

Saracho sobrevivió en marzo pasado a un atentado con arma de fuego ocurrido en San Pancho, Bahía de Banderas, un hecho que provocó condenas de organizaciones defensoras de derechos humanos y del medio ambiente.

Durante su intervención, Saracho expuso que, de acuerdo con las estimaciones presentadas en el foro, en toda la Bahía de Banderas quedarían alrededor de 600 hectáreas de manglar, de las cuales unas 150 estarían en Puerto Vallarta, por lo que insistió en que su conservación ya no puede observarse únicamente como un asunto paisajístico: se trata de infraestructura natural indispensable para la ciudad.

El ambientalista explicó que los manglares funcionan prácticamente como pulmones y riñones naturales de la costa: capturan carbono, retienen sedimentos, filtran parte de los contaminantes transportados por el agua, funcionan como criaderos para especies marinas y amortiguan fenómenos costeros. También constituyen el hábitat natural de cocodrilos y de numerosas especies de aves, peces y crustáceos.

La UNESCO reconoce precisamente a los manglares por su capacidad para almacenar carbono, proteger las costas frente a tormentas y erosión y sostener una elevada biodiversidad. Saracho recordó además uno de los episodios que, según expuso durante el encuentro, pudo haber cambiado por completo el paisaje actual del norte de Puerto Vallarta. Señaló que hacia 1995 existió la intención empresarial de desarrollar una especie de “Marina Vallarta II” en terrenos relacionados con El Salado, con nuevos espacios residenciales, muelles y urbanización.

De acuerdo con su narración, la oposición de ciudadanos y ambientalistas —entre ellos activistas históricos de la ciudad— fue fundamental para frenar aquel planteamiento y mantener viva la exigencia de protección que finalmente desembocó en el decreto del año 2000.El episodio fue utilizado durante el foro como ejemplo de la disputa histórica entre el desarrollo inmobiliario y la conservación ambiental en Puerto Vallarta.

La Marina Vallarta actual y la infraestructura portuaria modificaron profundamente una zona que originalmente formaba parte del sistema costero vinculado al estero; por ello, los participantes advirtieron que las decisiones que se adopten hoy sobre los humedales restantes tendrán consecuencias durante décadas.Por su parte, Helios Hernández Hurtado, director del Parque Estatal Estero El Salado, destacó el carácter excepcional del ecosistema al encontrarse prácticamente rodeado por la mancha urbana.

El sitio es difundido por autoridades y organismos ambientales como el único manglar urbano protegido de América Latina, condición que convierte su conservación en un caso singular para Puerto Vallarta. Hernández destacó además los servicios ambientales que proporciona directamente a la ciudad: contribuye a regular condiciones microclimáticas, almacena carbono, retiene agua y nutrientes, sirve de refugio para fauna silvestre y conserva un espacio natural en medio de uno de los corredores urbanos y turísticos más intensamente desarrollados de la región.

Sin embargo, advirtió que haber incrementado la protección territorial en 2020 no significa que el ecosistema esté libre de amenazas, pues las zonas de amortiguamiento continúan bajo fuerte presión de la expansión inmobiliaria y urbana.Otro de los asuntos planteados fue la pérdida de conectividad entre humedales.

Los especialistas señalaron que los manglares de la Bahía de Banderas originalmente funcionaban dentro de un sistema costero mucho más continuo, mientras que hoy sitios como El Salado, El Chimo y la Laguna El Quelele, en la zona de Nuevo Nayarit, enfrentan un paisaje cada vez más fragmentado por carreteras, urbanizaciones e infraestructura turística.

Hacia el sur de Jalisco permanecen además importantes extensiones de manglar en Cabo Corrientes y Tomatlán cuya conservación resulta esencial para mantener corredores biológicos regionales.La basura fue otro punto de preocupación.

Académicos y especialistas plantearon estudiar la instalación de sistemas de retención o redes en puntos estratégicos de escurrimiento, capaces de atrapar plásticos y residuos sólidos antes de que lleguen al estero, pero coincidieron en que ninguna infraestructura sustituye a una cultura ciudadana que evite arrojar basura en calles, canales y cauces: durante las lluvias, buena parte de esos residuos termina desplazándose hacia los humedales.En el foro participaron, además de Bruno Blancas Mercado, Helios Hernández Hurtado, director del Parque Estatal Estero El Salado; Jesús Alberto Ríos Bojórquez, responsable de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca en Jalisco; Lesly Solís, de S.O.S. Cocodrilo Nayarit; Jaime Alberto Torres Guerrero, especialista en gestión y manejo de ecosistemas costeros; Óscar Humberto Tavitas Altamirano, docente universitario; Erik Eduardo Saracho Aguilar, de Alianza Jaguar y RedMAS; y Armando Rubio Delgado, de S.O.S. Cocodrilo Nayarit.

Uno de los temas que atravesó las intervenciones fue precisamente la convivencia con el cocodrilo de río, especie propia de los humedales de la región. Ante un avistamiento, la recomendación es mantener distancia, no intentar acercarse para tomar fotografías, no alimentarlo, no arrojarle objetos, evitar ingresar al agua en sitios señalados como hábitat y atender las indicaciones de las autoridades.

Profepa reiteró este mismo mes que alimentar, manipular, capturar, agredir o dañar cocodrilos altera su comportamiento natural y puede representar un riesgo tanto para las personas como para los propios animales; además, la especie está protegida por la legislación mexicana. Los asistentes reconocieron la convocatoria realizada por Bruno Blancas Mercado y consideraron necesario que este tipo de encuentros no queden únicamente en una conmemoración anual, sino que sirvan para trasladar información científica a decisiones públicas sobre ordenamiento territorial, manejo de residuos, conservación de corredores biológicos y educación ambiental.

El encuentro se realizó en torno al Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, celebrado cada 26 de julio, establecido por la UNESCO para generar conciencia sobre ecosistemas que, aunque ocupan una fracción reducida del territorio mundial, son fundamentales para la biodiversidad y la protección de las comunidades costeras. Así, a 26 años de que Puerto Vallarta decidió jurídicamente conservar El Salado, el mensaje del foro fue que la protección no terminó con el decreto: el siguiente reto es impedir que la expansión de la ciudad termine encerrando al manglar, defender sus áreas de amortiguamiento, reducir la contaminación y conservar los pocos corredores naturales que todavía conectan los ecosistemas de la Bahía de Banderas.

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