Denuncian ‘FIASCO’ en graduaciones de la ETI y Secundaria Pesquera

REPORTEROS VALLARTA EN LÍNEA

Lo que debía ser uno de los momentos más importantes en la vida de cientos de estudiantes terminó siendo, para muchas familias, una amarga experiencia marcada por el desorden, el calor, el estrés y una organización que, según testimonios de padres de familia, simplemente colapsó.

Hablamos de las lamentables y patéticas ceremonias de graduación de la Escuela Secundaria Técnica No. 3 (ETI) y de la Secundaria Técnica No. 15 «La Pesquera», realizadas en un salón del Hotel Sheraton Buganvilias, que desde el primer minuto fueron objeto de fuertes críticas por la manera en que fueron un intento abortado de organización.

Mientras a las familias se les pidió una cooperación económica —150 pesos por alumno en la ETI y 300 pesos por estudiante en la Técnica 15— bajo la promesa de un acto solemne y digno del cierre de una etapa escolar, el resultado fue, en palabras de los propios asistentes, «un auténtico cochinero sin pies ni cabeza».

De acuerdo con los testimonios recabados de los padres que hicieron llegar con tristeza la información a Vallarta en Línea, la organización de la Técnica 15 estuvo a cargo de la subdirectora Rebeca González Martínez, mientras que en la ETI la responsable señalada por padres de familia es la recientemente impuesta a la fuerza subdirectora Jessica Paola Meza Figueroa.

Los reclamos coinciden en prácticamente todo. En la Técnica 15, por ejemplo, se entregaron únicamente dos boletos por alumno para controlar el acceso al mismo número de acompañantes. En el papel sonaba razonable. En la práctica, terminó siendo una letra más muerta que la Reforma Educativa de Peña Nieto.

Padres relatan que conforme avanzó el evento comenzó a ingresar gente sin control alguno hasta que ocurrió lo inevitable: un ingreso masivo de personas que rebasó la capacidad prevista del salón.

«¿Para qué repartir boletos si al final entró quien quiso?», cuestionan varios asistentes.El supuesto filtro terminó siendo una simple sugerencia. Al estilo de: «usen pluma azul para el título y negras para el texto» que los estudiantes nunca obedecen. Más de la mitad de los padres de familia quedaron de pie con regalos en mano, lejos de sus hijos.

En la ETI el escenario tampoco fue distinto. Padres aseguran que la ceremonia reunió a una cantidad de personas muy superior a la capacidad cómoda del recinto, provocando pasillos bloqueados, asistentes de pie, personas sin asiento y familias completas intentando abrirse paso entre la multitud. La escena era digna de un fanfest del Mundial en el Ángel de la Independencia.

Lo que debía ser una ceremonia solemne terminó pareciendo más una batalla por encontrar un espacio desde donde alcanzar a ver unos segundos a sus hijos. Las consecuencias fueron inmediatas. Muchos padres nunca pudieron tomar la fotografía del momento en que sus hijos recibieron su documentación.

Otros quedaron completamente fuera del salón. Hubo niños que incluso se extraviaron por varios minutos entre la multitud. El ambiente se volvió sofocante. Calor. Empujones. Estrés. Desesperación. Baños insuficientes. Y una pregunta inevitable comenzó a repetirse entre los asistentes:¿Nadie hizo una simple cuenta?

Los encargados y direcciones de las secundarias para esta ocasión, rebrobaron en matemática básica, o bien simplemente no tuvieron el detalle de hacer ningún cálculo.

Si desde semanas antes se conocía el número de alumnos graduados y además cada estudiante contaba con pases para acompañantes, ¿cómo nadie calculó el aforo necesario? No hacía falta un doctorado en ingeniería espacial. Bastaba una suma básica en papel con lápiz.

Sin embargo, esa planeación nunca se reflejó en el evento. Las críticas también alcanzan al Hotel Sheraton Buganvilias, cuyos administradores permitieron —según denuncian los asistentes— que el salón operara con una cantidad de personas que generó condiciones de riesgo.

Padres consideran que por privilegiar la renta del espacio se permitió un sobrecupo que pudo haber terminado en una tragedia. Especialmente preocupante resulta que, de acuerdo con los testimonios, los accesos quedaron saturados y el movimiento de personas era prácticamente imposible.

Más de uno recordó que, en una emergencia, un escenario así puede convertirse en una estampida humana.Por ello cuestionan si realmente se respetaron las disposiciones de Protección Civil relativas al aforo del inmueble.

Por cierto, no había ni una ambulancia ni ningún médico, ni algo que indicara que se consideraba un protocolo de emergencia. Fácilmente se pudo haber desmayado un chiquillo, y a ninguna subdirectora le importó.

Padres de familia de la ETI recordaron que durante la administración anterior, las graduaciones se hacían muy bien organizadas en el Centro Internacional de Convenciones. No tienen idea de porqué la subdirectora nueva lo hizo diferente.

La indignación no termina ahí. Quienes pagaron las cuotas aseguran que nunca recibieron el evento que se les prometió. No hubo espacio para fotografías familiares. No hubo un protocolo que permitiera disfrutar el momento. Muchos ni siquiera pudieron observar el paso de sus hijos por el escenario.

«Nos quitaron el último recuerdo de nuestros hijos en secundaria», lamentó uno de los padres entrevistados. Ahora el enojo comienza a trasladarse a las escuelas.

Diversos padres de familia exigen que ambas direcciones asuman responsabilidades por lo ocurrido y solicitan la salida de las funcionarias señaladas por la organización de los eventos. Además, preparan acciones de protesta para exigir una explicación formal y plantean incluso manifestaciones en los planteles, incluyendo el cierre de accesos, con la intención de que las autoridades educativas respondan por lo sucedido.

También piden que se valore realizar nuevamente un acto protocolario en condiciones adecuadas para que los estudiantes puedan vivir, junto con sus familias, el momento que les fue arrebatado por una organización que, afirman, estuvo muy lejos de estar a la altura de una graduación.Porque una ceremonia de graduación no debería recordarse por los empujones, el calor y el caos. Debería recordarse por las sonrisas. Y, según decenas de familias, esta vez alguien convirtió ese recuerdo en una enorme decepción.

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